Hace un año, solía escribir…no, en verdad, siempre escribo, la diferencia era que lo publicaba. Tenía un blog todo lindo, con tonos rosa y lila pastel. Escribía cada día que podía…después del colegio, antes de irme al preuniversitario, entre clases y en vacaciones. No perdía tiempo, para mí era necesario llevar un registro de lo que me sucedía o de lo que pensaba. Me dejaban comentarios, e incluso me alababan por lo que escribía, era tan variado como desde dulces hasta árboles con formas extrañas.
Un día, decidí cerrarlo. A veces escribía cosas personales, y no quería registro de ello para la posteridad. Tal ves no quería que pensaran que me había vuelto loca después de una mala relación amorosa, o mis más escondidos traumas.
Recuerdo una ‘entrada’ que hice sobre mi fobia a las matemáticas. Creo que fue la más leída…muchos se sintieron reflejados, e incluso, me posteaban sugerencias.
Extrañaba esos momentos de ocio, en que esperaba a que fuese otro día para subir lo que había escrito. Ahora no es lo mismo. Facebook es demasiado metido y la aplicación de notas no me llena lo suficiente. Es por eso que he decidido re-abrir mi blog, ahora más madura, más veinteañera. ¿Dulces? Siempre. ¿Hombres?...eso es casi obvio.
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